Días maravillosos – parte 1 – entre Valdivia y Calafquén

 

Tras casi 2 semanas paseando por la Región de los Ríos, en el sur más soñado de Chile, siento que no puedo regresar a mi hogar en Santiago, sin agradecer.

Mientras a lo lejos retumban los fuegos artificiales que enmarcan la Noche Valdiviana, fiesta tradicional que señala el final del verano en este lado de Chile, pienso que podría llenar líneas y líneas comentando paisajes, senderos, playas, fiestas costumbristas, ríos, pastelerías, quesos, mieles, mermeladas, kuchenes, cafecitos, brindis, platos y copas de todos los tamaños. Y claro que en la postal final hay de todo aquello.

Pero estoy feliz no por eso, si no por cómo llegué a muchas de mis aventuras, paseos aventureros o simples cafés. Siempre en compañía, con abrazos, con emociones, con reencuentros y tantas coincidencias de aquellas que te hacen sentir que estás en el lugar correcto en el momento preciso. Por eso se me hace necesario agradecer a los amigos de antes y a los nuevos amigos. Poner rostro a la amistad forjada desde la orilla del río Valdivia, Cruces, Calle-Calle o el Angachilla y que me llevó incluso al lago Calafquén y las pequeñas ciudades de Panguipulli y La Unión.

Por eso, aquí quiero compartir rostros y breves reseñas para que sepan que aunque parezca que viajo sola, en realidad, no lo hago. Ustedes, amigos, quedaron en mi alma e irán conmigo como las huellas digitales.

IMG_9096Juan Carlos: Por Juan Carlos, por Leonel y por Patricio de Quesería Calafquén (km. 35 del Camino a Lanco, Panguipulli) aprendí a hacer queso, y no cualquier queso si no el que, para mí y varios sibaritas, es el mejor queso artesanal hecho en Chile. Mis favoritos el Madurado, el Gruyère y el “a la cerveza”.

Sus productos se encuentran a la venta en el km35 Camino a Lanco, en Panguipulli; en Cooperativa La Manzana en el centro de Valdivia; en el emporio Sabores del Bosque, Teja market y en Santiago, supermercados Diez, Lo Saldes, Tantano, mercado de la O, Carlo Cocina, entre otros.

Quesería Calafquén

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IMG_9705Ana María: es la pareja y socia creativa de Juan Carlos pero, además de este dato biográfico que va enlazando los destinos, es quien me instó a sobrevolar Valdivia – lo hicimos en un Cessna 172 junto al piloto y formador de pilotos Patricio Hormazábal (otro gracias por su pasión al enseñar lo que es un avión, lo que hace el club aéreo de forma voluntaria desde hace más de 50 años – y eso ya basta para quererla hasta la mitocondria existencial.

Ahora bien, volviendo al vuelo en avioneta. Las vistas que se obtienen son únicas, ¿vale repetirlo hasta el cansancio?, y el precio por sobrevolar 15, 30 ó los minutos que uno quiera (tiene autonomía de 4 horas), es realmente accesible. Por ejemplo, nosotras, por 15 minutos, pagamos $20 mil pesos c/u por el recorrido de la ciudad, alcanzando a ver Angachilla, un poco de la Isla del Rey, la unión del río Cruces con el Valdivia, grupos de cisnes de cuello negro y la ciudad misma con su copa de agua, molino Collico, puentes, avenidas, mercado fluvial, etc. Un regalo.

Lo chistoso de todo, sacando lo maravilloso de ver Valdivia con el atardecer anaranjado de fondo y bajo tus pies, es que el aeródromo se llama Las Marías y yo, un poco autoreferente, juraba que el piloto nos había asignado ese apelativo porque éramos 2 mujeres de nombre “María” en el vuelo.

También por esta tremenda mujer – la única médica especialista en hemodinamia que trabaja en Valdivia – coseché tomates en la huerta de su mamá Jana en Angachilla y recogí ciruelas negras, manzanas limona y manzanas del paraíso que nunca antes había visto ni probado. También coseché moras o, como dicen por estos lados, murras en varias orillas de camino. Y claro, hice mermeladas. No me olvidé de comprar truchas en Panguipulli y sierra ahumada en Niebla, y fue tanto el empacho y la sabrosura de mis tesoros que tuve que enviarme una encomienda a mí misma con más de 6 potes de dulzuras sureñas. Por cierto, que esa caja acaba de llegar a mi – nunca mejor dicho – dulce hogar.

Y, de alguna forma, este posteo centrado en personajes que fui encontrando en mi viaje, nació de una idea suya a la que le presté buena oreja. Gracias de nuevo, Ana María.

Si quieren hacer un sobrevuelo, se los recomiendo como panorama solitario o familiar, explorativo o romántico. Club Aéreo de Valdivia – Aeródromo Las Marías. Sector Cabo Blanco.

Teléfono para recorridos turísticos por Valdivia y alrededores: 63 – 2216273

Facebook: https://www.facebook.com/Club-A%C3%A9reo-de-Valdivia-849734635073629/

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Señor Gerardo: Me lo encontré en un paseo dominical por la costa valdiviana. Yo iba caminando a la altura de Calfuco, unos buenos kilómetros antes de Curiñanco, y lo vi subiendo desde la playa con su atado de cochayuyo. Pocas veces se ve alguien con tan liviandad y maestría cargando algo, menos aún abriendo una puerta ni menos subiendo cerros sin perder su equilibrio. Hombre carismático que me brindó su nombre y su apellido, que de detuvo a la conversa y que te va llenando el día de cariño. Como él, hubo más pero como adoro el cochayuyo, y tanta gente le tiene prejuicios a esta alga nacional, lo destaco.

Y para pasear: Un recomendado en esta parte de la costa valdiviana: Área Protegida Punta Curiñanco – dependiente de la CODEFF – abierta todo el año. Area Protegida Punta Curiñanco

IMG_9282Grace Arango: esta colombiana no sólo me contó su vida entera en un almuerzo improvisado y simple; también me enamoró con su paseo guiado y su dedicación al Parque Urbano El Bosque. Este un lugar casi desconocido incluso para los valdivianos, está ubicado en medio de la ciudad y es una reserva de vida de humedal y de bosque que todos debemos conocer, visitar y proteger. Si van en colectivo, toman el que dice Regional, que pasa por el hospital, y la entrada al parque les queda a unas 4 cuadras a la izquierda y hay que bajar una escalera para entrar. Está poco antes del centro comercial El Trébol. También funciona allí un Punto Limpio.

Parque Urbano El Bosque – Valdivia

María Nautulpán

María vive a orillas del Lago Calafquén, en el sector La Puntilla. Es esposa y madre de 2 hijos, uno de ellos a punto de graduarse de mecánico en Valdivia. Tiene una huerta y amasa pan y catutos, recoje huevos de sus gallinas y todo eso lo vende a veraneantes. El resto del año, como ella nos confiesa, hace las cosas de la casa, ve un poco de tele, pero no mucho porque no le gusta, tampoco le gusta leer…así es que se aburre “un poco”. Eso sí, nunca pierde la sonrisa y su buena mano. De esas manos probé mis primeros catutos Receta, panecillos achatados con forma de canoa – típicos de la tradición mapuche – hechos con trigo molido o trigo mote mezclado con manteca o mantequilla y que se disfrutan mejor tostándolos un poco.

por ella coseché tomates en la huerta de su mamá en Angachilla y recogí ciruelas negras, manzanas limona y del paraíso que nunca antes había probado, y también coseché moras o murras. Y claro, hice mermeladas, y compré truchas y fue tanto el empacho y la sabrosura que tuve que enviarme una encomienda con más de 6 potes de dulzuras sureñas.

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