Cartagena de Indias sin clichés

Cartagena ciudad amurallada o “corral de piedra”: Patrimonio de la Humanidad, por declaratoria UNESCO.Ver Video Cartagena World’s heritage site

Epicentro de novelas de Gabriel García Márquez como El amor en los tiempos del cólera y Del amor y otros demonios.

Cartagena de agua de coco, limonada de coco y cocadas de colores.

Cartagena de desayunos con arepa de huevo y jugo de granadilla.

Cartagena de puertas con figuras de iguanas o delfines, cada uno con su significado.

Cartagena de música callejera y bailarines de champeta.

Cartagena de la calle de la Soledad, la tumbamuertos o del boquete.

Cartagena de las grandes bodas de la “aristocracia” colombiana.

Cartagena de Caribe y de piscinas.

Cartagena de piratas y corsarios, de brujas y fantasmas.

Mmm… No digo que sí, no digo que no, no así rotundo a todas estas frases o ideas “clichés”. Pero vamos por parte. No quiero hablar de la Cartagena de Indias que se reproduce siempre igual en guías turísticas, como si no pasara el tiempo.

 

La verdad: Cartagena de Indias es uno de esos destinos señalados con rojo en todo mapa turístico mundial. Pero así como otros “hitos” turísticos, está lleno de clichés y de “cosas que hay que hacer si estás ahí” que, en realidad, puedes no hacer y no se te va la vida. Por eso aquí me he tomado la libertad (y los invito a seguirme a su placer) de apuntarles algunas cosas de esta ciudad que quizás nadie les va a recomendar. Al final, ustedes mezclarán, seleccionarán y harán de su visita a Cartagena, algo único y especial. Como lo fue para mí.

Cliché nº 1: Hay que hospedarse en la ciudad amurallada. No.

La ciudad amurallada es la parte más antigua de la ciudad, sí. Es la que detenta el cartel de patrimonio de la humanidad, con su muralla, iglesias y todo lo que ella encierra. Pero hay barrios fuera de esa muralla que valen toda visita. No sólo eso, te permiten ver el día a día de la ciudad, como que hay bancos, supermercados, hay hasta una autopista privada en la que se paga peaje, hay un sistema de transporte urbano llamado Transcaribe, hay niños yendo a la escuela y, claro, también hay hoteles de todo precio, estilo y antigüedad.

Yo me alojé en el Hilton Cartagena Hilton Cartagena web site, que queda hacia el sector de El Laguito, a no más de 10 minutos en taxi desde el portal De los Mercaderes y Centro de Convenciones de la ciudad. Lugar, dicho sea de paso, ideal para comenzar a recorrer la ciudad hacia dentro o fuera de los muros, y donde siempre hay taxis estacionados.

Vista ventanaHilton Cartagena es un gran hotel: grande en superficie, espacios y cantidad de gente que transita (mientras me hospedé había una empresa brasilera que había invitado a sus trabajadores y esposas a unos días en Cartagena, así es que estaba lleno de brasileños, y nunca fue obstáculo para encontrar mesa en el desayuno, ni entrar al ascensor), pero aún así encontré todo lo necesario y más. Les detallo aspectos que en otros lugares me suelen fallar:

Wifi: la conexión wifi funcionaba perfecto, apenas pisaba el lobby y nunca tuve que volver a conectarme en tanto estuve en el hotel, aunque me moviera a la piscina, al comedor del desayuno o al piso de mi habitación.

Limpieza: Mi habitación siempre estuvo limpia, tenia buena provisión de champú, jabón, etc. Incluso detalles como la primera Ventana Hilton Cartagenanoche: me dejaron un plato con frutas y tapas para picar.

Cama: Me alojé en una habitación del tipo King Bed panoramic oceanview, en un piso 4 y fue espectacular despertarme el primer día, abrir la cortina, y encontrarme ante un azul intenso en mi ventana. Como había llegado de noche a la ciudad, no tenía referencia alguna de esa luz, de su brillo…Es un recuerdo que no olvidaré. Como testimonio, miren la foto que tomé a la rápida.

 

 

Lo malo: No habían botellas de agua como regalo del hotel.

Eso me extrañó pues la botella de agua hoy en día es casi una norma en todos los hoteles, incluso los más pequeños. Si no, hay botellas en lobby o lugares para tomar agua. En una ciudad con el clima de Cartagena, su humedad, realmente me extrañó al punto de que pregunté si era mi error, y no, es que realmente no te daban agua. Había una botella, y debía pagarla. Como sea, el primer día tomé agua de la llave, tomé tés, que sí habían en la habitación junto a un hervidor, y no volví sobre el punto.

Cliché nº2: Voy a Cartagena, voy a las playas del Caribe, yea! No.

Cartagena no tiene playas, no al menos, de aquellas de aguas turquesas ni arenas blancas. Si van a la ciudad, para llegar a unas playas de arenas blancas, deberán tomar botes o excursiones a las cercanas Barú o Playa Blanca. Eso sí, están atestadas de gente, tienen que sacarse a los vendedores con matamoscas, y a mí en lo particular no me impresionaron para nada. No, al menos, en lo que buscaba que era la idílica postal solitaria en medio de palmeras meneándose con la brisa del mar. En este caso, preferí la piscina del hotel, a la que bajé una mañana y hasta con pajaritos revoloteando por allí, y una rica agua de coco comprada en el quincho. Lo que sí les recomiendo es tomar alguna excursión para bucear pues la flora y fauna submarina es única, colorida y alucinante.

Cliché nº 3: No hace tanto calor. No.

20160413_143808¿Quién habrá dicho eso? Como diría un venezolano…”No joda!” jajaja

Pues claro que hace calor, mucho calor, y hay una humedad que el primer día te tumba, pero…calma, calma…la primera hora de la mañana es deliciosa y, sobre todo, la tarde, digamos después de las 17 hrs. Se levanta una brisa, fuerte y bien templada, que es una delicia mayor. Mi primera aproximación a la ciudad fue a las 11 de la mañana y no se la recomiendo a nadie: lo que hice fue entrar al Museo del Oro (muy recomendable para indagar y entender a los pueblos que habitaron la región, sus artesanías y modo de vida), todas las casonas y bancos que rodean la plaza Simón Bolívar y, armándome de valor y porque a mí nadie me deja out, seguí caminando. Por esas andanzas llegué a la heladería italiana Tramonti. No tenía muchas expectativas pero resulta que me tomé un memorable helado de limón y, probé el de chocolate, que también recomendaría a los adictos al cacao.

Cliché nº4: No hay mercados. Falso.

Gracias al ímpetu y la buena onda del chef Carlos Otero (de restaurante La Comunión) llegué junto a otros 2 amigos al mercado Bazurto, alejado del centro de la ciudad hacia el sur, en avenida Pedro de Heredia. Si no te preocupa demasiado la higiene ni el orden, si eres de los que no conoce una ciudad ni una cultura sin haber pisado su mercado, pues entonces dale y pasa a conocer Bazurto. Tiene zonas de cocinerías, otras de bananas, ñame, de frutas, ropa nueva o usada; aguacates o chanchos a medio degollar. De pronto un pasillo se convierte en peluquería improvisada o en imprenta de franelas; hay pordioseros, el piso es cemento derruido, a veces lleno de escamas de pescado, otras de cáscaras de frutas o verduras…pero nada me impactó tan negativamente. Será que tampoco esperaba encontrar el suelo brillante ni encerado, menos toparme con platos de losa ni gente en etiqueta. Comí una carne guisada de algo similar a tortuga con vegetales tipo cebolla/ pimentón y estaba delicioso. Se notaba que había sido cocinado horas en el fuego. De hecho, las señoras que trabajan en las cocinerías comienzan su día a las 4:30 am de forma que hay que llegar tempranísimo para ver realmente el movimiento del mercado.

La descripción puede ser infinita pero encontré este video donde Charlie nos va guiando por Bazurto, y creo que es la mejor manera de captar la esencia del mercado, de lo que comen por aquí, y de la Cartagena de barrios.

Charlie Otero presenta el mercado de Bazurto

Cliché nº 5: No hay comida típica en Cartagena. Falso.

20160415_211030Cartagena huele a pescado: sierra y pargo rojo. Y huele a coco: Está en el agua, en la limonada de coco (que debería estar en el escudo nacional, ¡por deliciosa!); está en el arroz y en las cocadas. En las mañanas huele sobre todo a maíz, café, frutas y Milo.

Pero hay más. Basta conocer un poco su historia y ver el mapa de localización de Cartagena para saber que, como puerto, es un lugar de influencias, confluencias, conexiones robadas, prestadas, asumidas o inventadas…Lo indígena, español y africano se palpan en cada muro, ventana, en la música que sale de la radio del taxi, en el aroma de las plazoletas del barrio Getsemaní y en los rostros de sus habitantes. Y también en los platos como el sancocho, sopa a base de carne o pescado, con ñame, verduras y jugo de coco, donde la referencia del cocido español es innegable; o la influencia de los indios goajiros – que si bien tenían una base alimenticia precaria-, aportaron el maíz.

Me habían advertido de r20160414_201628estaurantes peruanos, argentinos, mexicanos, de paleterías, heladerías, pastelerías y cafés. Pero de cocina colombiana en Cartagena, poco. Alguna mención al Criterión ubicado en el hotel El Bastión, algo del Harry de Harry Sasson pero si hay un lugar que está haciendo un gran trabajo no sólo mostrando la cocina colombiana en toda su diversidad, si no que además, aportándole un toque moderno que la da nuevo estatus. Se trata de La Comunión del chef Charlie Otero, que se ubica dentro del hotel Kartaxa, casi frente a Las Bóvedas. Llegué ahí más por la recomendación de una amistad que por cualquier otra referencia y no tenía ni expectativas. Pero me deslumbré. Hay historia, hay cariño y sazón. Y si escribo estas líneas es porque comí ex-qui-si-to, viajé por Colombia en cada plato y vibré con las historias de cómo Carlos encontró cada idea, ingrediente o mezcla. Como decimos en Chile, él se la jugó y se la sigue jugando por los sabores más auténticos de Colombia, y sobre todo, de las cocineras, pescadores y campesinos que, sin saberlo a veces, están preservando un patrimonio tan tangible como la comida.

 

20160414_200956Escribo de La Comunión porque no fui solo una vez, fui 2 veces, la segunda con una pareja de amigos, y allí todas mis convicciones se reforzaron: Ellos mismos abrían los ojos extasiados por los sabores nuevos, y al mismo tiempo reconocibles, de una posta cartagenera con arroz con coco y tajada; una caramañola negra con salsa chantaduro; unos ravioles de harina de plátano verde relleno de longaniza chocoana (e imaginen la mezcla interior con cebolla larga y jengibre), una zarzuela de langostino con toque de aceite de coco…y de postre, por favor no se pierdan la torta de plátano en tentación (y qué lindo título, además) servido con helado de coco titoté (otra belleza del lenguaje que esconde un caramelo hecho a base de coco). Díganme que ya están salivando e imaginando cada plato…eh?

 

 

 

Cliché nº6: De las palenqueras y los dulces de coco. Mmm…

20160414_192036Las palenqueras existen y existieron pero viven en un pequeño poblado de la región llamado San Basilio de Palenque, primer pueblo libre de la América esclava. Las simpáticas mulatas vestidas de verde/fucsia y amarillo, con pañuelos amarrados en la cabeza (que transportaban sus dulces sobre bandejas en la cabeza), que venden fruta y se toman fotos con todo turista que se los pida y pague, no son las palenqueras originales. Las pocas que hay llegan desde las afueras tipo 17 hrs. de la tarde, con el fresco, y se instalan en el Portal de los Mercaderes para vender sus cocadas. Esas palenqueras ya casi no se ven. La otra opción que les recomiendo es ir a la tienda Dulces Milagros. Además de sabrosas cocadas de más de 15 variedades exquisitas como cocada de naranja; limón, guayaba, manjar con almendras, coco con ginebra, hay bolas de tamarindo con ajonjolí y novedosas presentaciones (buen detalle para un souvenir), lo importante es que se trata de un proyecto social de la dueña de la dulcería Mila, Mila Vargas, que abrió en julio de 2015 y que ayuda a estas mujeres de San Basilio de Palenque (Lee Blog de Jaime Luis Posada con más información) comprándoles la producción y vendiéndola en esta tienda ubicada frente a Mila, en calle de la iglesia.

 Cliché nº 7: No hace falta un guía para conocer la ciudad. No.

Primero les digo: el paseo en carruaje con el señor contándote, al trote del caballo, la historia de calles y algunas casonas, es tiempo perdido. A duras penas lo oyes, no alcanzas a captar lo que te muestra con la historia que te cuenta…A no ser que lo tomes como taxi para ir de un punto a otro de la ciudad. Si quieres realmente conocer la ciudad, te cuento que cada figurita en la puerta – por ejemplo, una iguana era símbolo de que ahí vivía un letrado – o hasta el tamaño de las bolas de bronce o de oro incrustadas en las puertas, denotaban el poder económico del dueño de casa que era incluso certificado por un tesorero. Lo que quiero decir es que cada cosa en esta ciudad tiene un por qué entretenido, misterioso, alucinante o triste…donde se unen la historia de la esclavitud, de la Inquisición (hay un museo frente a la plaza Bolívar), de las guerras, de las migraciones, de las letras y de las artes. Y eso, sin documentarse, se pierde y al perderse, no se conoce la ciudad. Así es que lean un poco sobre Cartagena antes de aterrizar; contraten un guía para que les de el primer pincelazo (una mañana o un mediodía bastan); los lleve al mercado o a algún otro barrio. No es un consejo que muchos hagan, ya que en el turismo moderno privilegiamos el andar a nuestro ritmo y gusto, pero hay lugares que lo ameritan, y me parece que Cartagena es uno de esos lugares.

Cliché nº 8: Cartagena se conoce en 2 días. No.

En línea con lo que les decía en el punto anterior, esta ciudad no es un parque de atracciones que se pasa en 2 días + 1 noche. Bucear, pasear por sus calles, ver alguna de sus decenas de iglesias abiertas (la catedral estaba cerrada por remodelación); relajarte en la piscina o playa alguna tarde antes de seguir la marcha, comer rico y con aperitivo en alguna terraza, ver un atardecer desde las murallas o el castillo; salir de la ciudad amurallada y visitar Getsemaní, vivir su juerga más juvenil y barata; tomar una guagua y llenarte el cuello de collares de colores al son de merengues y hasta tratar de bailar champeta…eso es imposible hacerlo en 2 días. Yo estuve 5 y aún así siento que hay algún rincón que no vi, solo alcancé a ver 2 iglesias por dentro – la de Toribio y la de San pedro porque me organicé y llegué a la misa de las 19 hrs….en fin, que mejor tomen 5 días en Cartagena de Indias. Vayan a La Comunión, coman prueben desde los panes, el pez león y el postre con marengue y guanábana en el Criterión de los hermanos Rausch (donde está la joven chef Viviana Liévano haciendo maravillas); hagan una pausa en el Café de Antonio, el único de especialidad; u otra pausa en la librería y café Ábaco; enamórense de la luz de la tarde y de su brisa fresca desde alguno de los baluartes o portones que rodean la ciudad; tomen cuanta limonada de coco encuentren porque es un vicio exquisito que nunca sabrá tan bien como en Cartagena y no olviden el protector solar y un gorrito para protegerse del sol. Déjense empapar por su historia, salgan de los muros, vayan más allá, donde vive la gente de a pie, donde aún se ven señores usando la carretilla de las postales o almorzando y viendo tele con la puerta abierta de par en par.

 

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