Lastarria, mi barrio

Vivo hace 8 años en el barrio Lastarria (nombre dado por una de sus calles principales, José Victorino Lastarria Saber más). Para muchos es el barrio bohemio, el barrio ondero, el más turístico o el barrio más intelectual de Santiago de Chile. Etiquetas más o menos, fue declarada Zona Típica (ZT) allá por 1997, y tiene razones de sobra para que le pongan títulos para el aviso de neón o, algo más tranquilo, para que salgan a explorarlo y encontrar sus propios motivos. Como todo barrio, muta y cambia con la velocidad del instante, pero no es éste el espacio para entrar en esos debates urbanos.

iglesiaYo solo les digo lo siguiente: En mi barrio hay un resumen de la ciudad que no se da en ningún lado.

Hay teatros y hay museos. Hay locos y pordioseros, gritones y borrachos. Hay viejitos, estudiantes, hay inmigrantes centroamericanos y turistas europeos. Hay kioscos de verduras y puesto de flores. Hay reparadoras de calzado, copiadoras de llaves y lavanderías. También hay vendedores ambulantes, pero no cualquiera, ellos son orfebres, artistas, grabadores y fotógrafos aficionados. Hay hoteles boutique, hay moteles y hay hostales. Hay más cafeterías de especialidad que en ningún otro barrio de Santiago. Hay lugares que abren muy temprano y otros que cierran muy, muy tarde. Hay tocatas en la calle y también bares con piano y acordeón.

sen%cc%83ores-en-banco-plazaHay plazas, parques, fuentes de agua y juegos infantiles. Hay pajaritos cantando sobre los árboles, y también ruido de micros, bocinazos y refriegas nocturnas indeseadas. Hay iglesias, misas, hay Metro y hay bicicleteros. Hay bancos, centros médicos y servicios de utilidad. La plaza de Armas, Correos y la catedral están a sólo 3 cuadras de distancia.

entrada-metroHay hay malabaristas en las esquinas, hombres que tragan fuego y otros que bailan con títeres. Hay jóvenes buscando pokemones, y ahí mismo hay turistas brasileños y europeos con mapa en mano. Hay de todo un poco, siempre deambulando, siempre esperando a alguien, siempre con la expectativa de que aquí van a pasarlo bien. ¿Aburrirse en Lastarria? Jamás. Solo levantar la vista hacia los jacarandá que inundan de color lila las calles y veredas, es un espectáculo.

img_1878Es un barrio con todas las cosas buenas y las cosas malas de la ciudad, pero lo que me atrae y me ha creado la costumbre de vivir aquí es que se respira un aire de libertad, de movilidad sin necesidad de automóvil, de cercanía con todo lo que puedes necesitar, que no se puede desestimar.

Es un barrio tan a su manera que hasta es difícil ponerle fronteras precisas pues sus límites no se establecieron por el típico molde de manzanas cuadradas de la colonia española. Aquí las calles ondean, circunvalan, van y se reencuentran más adelante, son cortas, son largas, pero hay pocas en línea recta. En su enjambre facilitan eso de perderse e ir encontrando recovecos, que es de las cosas más entretenidas de moverse por la ciudad.

puente-loretoPara ubicar a quienes nunca han visitado el barrio les ofrezco algunas coordenadas muy personales. Barrio Lastarria, deben saberlo, se mueve entre referentes que no tienen precisamente que ver con calles y van más o menos desde el Cerro Santa Lucía, el Museo de Bellas Artes, el Parque Forestal y el barrio Esmeralda. Así es que a veces decimos barrio Lastarria o barrio Bellas Artes, pero son referencias móviles, donde rige más un “estado de ánimo”, una arquitectura y algo en el espíritu del peatón que otra cosa. Para quienes deseen ubicarse mejor, aquí unas referencias básicas a retener: No pasa el río Mapocho por el norte, no baja mucho más allá de calle Miraflores por el poniente, ni cruza la Alameda, si consideramos el flanco sur. Sus estaciones de Metro son Universidad Católica, en Línea 1; y Bellas Artes, en Línea 5.

Eso es la geografía pero otra cosa muy distinta es la vivencia humana y el día a día de un barrio como van quedando muy pocos en Santiago.

Camina, camina. Muévete pero a escala humana. 

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Es el único barrio de Santiago que aun cuenta con un cine de “barrio”. Se llama El Biógrafo y promueve películas de cine llamado “arte” que difícilmente se programan en otras salas de la ciudad. Tiene esa cosa antigua que le devuelve algo del rito que solía tener el cine: como los 2 tickets que te entregan al comprar la entrada: uno rosado y otro enrollado; la presencia del “acomodador” y las butacas rojas de terciopelo. En las cercanías también existen otros cines de afán no exclusivamente comercial como el Cine UC (de la Universidad Católica) y el Cine Arte Alameda, configurando el único polo de este tipo en todo Santiago.

cartelera-mbaEs el único barrio con museos y cuando digo museos no son cualquiera: Museo Nacional de Bellas Artes, Museo de Arte Contemporáneo, MAVI (Museo de Artes Visuales) y galerías como Ecko, Metales Pesados y centros de exposiciones temporales como el GAM (que es un complejo cultural con 2 salas importantes y también alberga la colección del MAPA, Museo de Arte Popular Americano). Todos excepcionales.

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Santiago tiene grandes desigualdades en cuanto a áreas verdes, que reproducen otro tipo de desigualdades, por supuesto.

Entonces, encontrar en mi propio barrio un parque como el llamado Forestal, abierto con motivo del centenario de la Independencia chilena en 1910, debe destacarse. Es un paseo, un pulmón y casi un símbolo de expresión cultural ya que hasta hace poco se usaba para cuanta tocata libertaria se le ocurriera organizar a los gobiernos de la Concertación.

Hay textos interesantes como “Anacondas en el parque” que está en el libro de crónicas urbanas “La esquina es mi corazón” de Pedro Lemebel (Link a Memoria Chilena ), que les recomiendo leer para darle otra dimensión a este espacio capitalino. Lemebel es un autor chileno, fue peatón habitual de este barrio y describió como pocos esa pulsión entre lo correcto y la transgresión sexual que incitan los parques. No tiene que ver con lo verde, pero sí con la idiosincrasia chilena y se los tengo que recomendar.

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img_2206Frente a las grandes casas patrimoniales de arquitectos de renombre como Marcel Duhart, Larraín Bravo, Prieto Casanova o Luciano Kulczewski, el barrio Lastarria también alberga pequeños negocios que te resuelven el día a día: Fuentes de soda a precios juveniles; Reparadoras de calzado; marqueterías; almacenes de productos saludables, spa, terrazas entretenidas para un after work; peluquerías, tintorerías, lavanderías, zurcidoras, tiendas chinas, teterías, cafeterías de especialidad, sangucherías, supermercado, almacenes, restaurantes indios, nikkei, peruanos, japoneses, pizerías, heladerías artesanales, wafflerías, creperías, tiendas de pescados y mariscos congelados, cafés internet, fotocopiadoras, barberías, librerías de libros nuevos y usados, joyerías de autor…en mi lista lo único que me falta es una mercería (donde comprar hilos, agujas, lanas) y una papelería (para no tener que entrar al supermercado a comprar cola fría o tijeras escolares).

Además de todo esto, en Lastarria siempre pero siempre está pasando algo. Algo entretenido, expresión a veces artística, a veces popular, a veces de gusto moderado, pero en un país que tiende a tildarse de pacato y “fome”, Barrio Lastarria responde con más fanfarria que nunca y eso se valora.

mun%cc%83eco-en-paradaCuando digo que siempre pasa algo, es algo que va más allá de una obra de teatro o danza en el GAM, y me refiero a eventos callejeros no programados como una batucada un viernes a las 10 de la noche; un percusionista extranjero tomándose una esquina y obligándote a parar y deleitarte con su ritmo; una feria verde, una feria vintage, un mercadillo de nuevas editoriales o editoriales cartoneras; una instalación urbana; un taller de huertos urbanos en uno de los tantos cafés del barrio; un saltimbanqui en un semáforo; un tour de 30 jóvenes con cámara de fotos en mano frente a la subida del cerro Santa Lucía; un TNT (competencia de art latte) en algún rico café del sector; una iniciativa como calles compartidas; o, lo que sucede cada domingo que es el cierre de tránsito vehicular en la costanera y calles como Monjitas entre 9 y 14hrs.

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Lo que no me gusta

Hay muchas cosas que no me gustan del barrio y que han surgido en menos de un año como la invasión de vendedores ambulantes en la salida del Metro Bellas Artes, el rayado de los muros sin arte ni parte y la nula mantención del pavimento en calles principales como Rosal; Namur o Padre Valdivia. No tienen excusas. Tampoco me gusta la tendencia – que lleva poco más de un año pero se ha reforzado en los últimos meses – de estos carritos de frutas que me encuentro cada 100 metros, a vista y paciencia de los Carabineros. Sé que son de peruanos o venezolanos, y no es el tema extranjero lo que me molesta, pero sí la falta de aplicación de la ley cuando he visto que se llevan las mercancías de otros señores que venden libros usados o sus artesanías en Lastarria. Ley pareja no es dura.

Como verán, Lastarria tiene de todo. Intriga, entretiene, atrae, gusta. Es un paseo de fin de semana para nacionales; y también un paseo ineludible para los extranjeros que visitan Santiago. Una ciudad, hace rato, entretenida, movediza y querible.

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