Bajo el sol de Quilpué

Es otoño en Chile, ya lo sé. Pero lo que muchos de ustedes no saben es que muy cerca de Viña del Mar hay una pequeña ciudad escondida del mar y donde pareciera que el sol siempre sale a dar la cara.

Quilpué se llama esta ciudad y, en contraste con la vecina Viña del Mar que suele estar nublada aunque sea verano, Quilpué tiene sol generoso. Así es que si no conoce Quilpué, una ciudad-dormitorio de la zona central de Chile a menos de 2 horas de Santiago, y le gustaría pasearse por sus calles, ir al famoso zoológico Zoo Web o simplemente conocer el Chile real, el “Chile de lunes a viernes” como le digo yo,  entonces aquí les dejo algunos datos de esos nunca dichos, sabrosos y novedosos. Prepárense a caminar, comer, tomar café, columpiarse y hasta visitar una viña acompañados por sus propios dueños.  Bienvenidos a Quilpué. Web Municipalidad de Quilpué

 

A primera vista, ya sea que llegue en “micro” o en el tren Merval, la ciudad no maravilla por ningún ícono especial al visitante. Saliendo del tren hay basura por todo el borde de la vía y cunde la venta callejera, pero esto ya es común en todo Chile. Saliendo del Metro-tren se encontrará entonces con la Plaza Municipal llamada Eugenio Rengifo donde además de una feria (permanente, no lo sé) de emprendedores, kiosco de diarios, bancos, centros médicos, restaurantes, cafeterías y palmeras, hay columpios para niños y funciona la Ilustre Municipalidad. Ahí al frente se encuentra también el Teatro municipal (antes llamado Velarde) recientemente acondicionado. Esa cuadra está dando buenas sorpresas con mesas para comer, reunirse o solo ver la vida pasar con tranquilidad.

Entre peluquerías, tostadurías y cafés

Vista calle A Pinto

A juzgar por la cantidad de tostadurías (entiéndanse esas tiendas donde se compran maníes, linaza, chía, pasas, vitaminas y productos saludables) y farmacias se diría que la ciudad goza de buena salud. No estoy segura, pero hay al menos tres por calle y es un buen reflejo de lo que han proliferado estos negocios en todo Chile.

Pero hay cosas menos habituales en Quilpué y son esas las que quiero destacar. Sobre la calle Vicuña Mackenna, en el número #687, se asoma el restaurante Terraza Club (no lo recomiendo, a no ser que usted necesite comer chorrillanas y parrilladas) dando paso a la galería comercial Claudio Vicuña. Tiene 2 pisos conectados por escaleras (no mecánicas) que van desplegando pequeñas tiendas que parecen haber desafiado el paso del tiempo y la ambición inmobiliaria. Así es como serpenteando jardines y banquetas, con barandas de color rojo, aparecen no una, sino decenas de peluquerías, servicios técnicos, imprentas, tiendas de ropa usada y artesanías. Entre esos jardines se respira a otra velocidad y lo he comprobado sentándome a leer o revisar mi celular en una de esas banquetas. El pequeño centro comercial ochentero (presumo yo que es de los 80’s) parece la expresión “comercial” de la añorada vida de barrio. No quiero dármelas de filósofa, pero vayan y recorran esta singular galería que tiene, además, la gracia de conectar la calle Vicuña Mackenna con Claudio Vicuña y Diego Portales.

Café miranda Mesas

Café-café, solo en Miranda

Si necesitan un oasis para la parada técnica, no den más vueltas y lleguen al #869 de Vicuña Mackenna donde está Café Miranda web, el mejor café de especialidad de la ciudad (granos seleccionados y a $1300 el machiatto) con, además, excelente pastelería.

Mesa con machiatto Café Miranda

De lo dulce que he probado me voy por el queque de zanahoria/nuez; la torta de plátano-manjar-nuez; la de chocolate o la 3 leches y unos jugos naturales gigantes (de hecho, les recomiendo pedirlos para compartir). Los sánguches tienen altibajos: buenos rellenos pero les falla mejorar y cuidar el tostado del pan. Los de ave-palta se lucen: tienen 2 capas, mayonesa y son muy suculentos. Ricos.

 

torta choco plátano Miranda

 

 

Origami: una isla japonesa en la ciudad del sol (naciente)*

 

A veces para “hacer patria”, la cocina viaja y lejos. Creo que algo así le ocurrió a César Mellado, chef oriundo de Quilpué y que se enamoró de la cocina japonesa cuando el 2002, egresado del Inacap de Viña del Mar, comenzó a trabajar en el primer sushi de esa ciudad. Sin duda que aquella fue la motivación que hace 9 años lo llevó a fundar Origami (web) ubicado en una casa de 2 pisos en Aníbal Pinto #684 (al lado del Teatro Municipal). Fue el primer local de este tipo en Quilpué, y uno de los primeros delivery.

Ahora bien, creo que si bien el amor y veneración por la cocina japonesa permanecen, Origami no se define aún entre la terraza juvenil buena para la cerveza con atractivas “Tablas” desde 6 mil pesos, el restaurante con menú ejecutivo y para niños; y el restaurante tradicional japonés que no quiere ser confundido con aquellos de “sushi”. Sepa esto solo como advertencia, pues Origami vale como recomendado para comer una cosa, la otra, ambas y hasta tiene algunos guiños nikkei en el niguiri de ají de gallina. Pero mis recomendados van por lo más japonés. Por eso agradezco que tenga clásicos como Maguro No Dengaku, un atún sellado gratinado con una pasta miso que se sirve con verduras al vapor y arroz blanco; los Yakimeshi, las tortillas en versión katsudon o los yakisoba, que te permiten ir conociendo algo más de la cocina japo. Para sazonar el alma: prueben las tradicionales sopas que le hacen el almuerzo completo como las Ramen o la variedad de dashi (¡la uDON XL trae locos!). Ideales para el otoño.

*Hago el juego de palabras pues, por si no sabían, Japón es conocida mundialmente como el “Imperio del Sol Naciente”.

Café con historia…para el atraque de helados

entrada

La historia de Quilpué se podría mostrar por las pocas casonas que aún se ven desde la línea del tren y hasta por la casi desmantelada fábrica de pastas Carozzi que aún sobrevive. Pero también puede combinarse con un helado, una once o, ya cayendo en la grosería dulcística, una mega copa de helados con crema, siropes y hasta brownies.

Confesión aparte: En mi primera visita la escena desde la calle era de una pareja de jóvenes, comiéndose una mega copa de helado. Creo no exagerar al decir que no había ingrediente ni color que no faltara en esa copa. Y estos pololos se la bajaron en 20 minutos, entre miradas y cucharas movedizas.

Pareja con helado

 

Eso es lo que me encontré en el Café con historia. No me detendría aquí por la calidad de su café, pero sí por su ubicación, por los buenos helados y por el valor de haber rescatado trocitos de la historia de una ciudad que parecía recordarla. Café con Historia tiene fotos antiguas, público de todas las generaciones y algo de la memorabilia quilpueína que nos hace bien.

El Caserío

El caserío entrada

Esta debe ser una de las más antiguas “picás” de Quilpué. De día es uno de esos comedores ideales para comer casero (tipo pollo asado con arroz/ ensaladas o porotos con rienda) por menos de $5000. Pero…ayayay! De noche se transforma en un bar. Un bar de barrio bravo, luces incandescentes y compañeros de “cañita” o cerveza de aquellos que, como se ve en la foto, tienen que apoyarse unos a otros antes de abandonar el tugurio. Lo que no cambia en El Caserío es la tele prendida y el cobijo que da para almas solitarias, amantes furtivos o conversas sigilosas. Dese una vuelta por Baquedano porque, como El Caserío, no quedan muchos lugares en Chile.

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Terminal Pesquero La Gaviota

Está en calle Baquedano, al lado del terminal de colectivos a El Sol. Abre a las 9 am y cierra a las 15 hrs. (lunes cerrado) y es EL lugar para encontrar pescados y mariscos frescos en Quilpué. Una buena alternativa para lo básico: choros, almejas, reineta, pescada, salmón pero no para regodearse con pescados de roca, ni palometa, ni pinzas de jaiba o erizos. O puede ir y preguntar pero “hay lo que hay, lo que da la mar.” En ese caso, tendrán que irse a Caleta Portales (en el mismo Merval). Pero estos 3 a 4 locales cumplen con la demanda. En Semana Santa compramos choritos a $1.500 el kilo y 4 ostiones por $1.000. El pescado tipo reineta (pescado blanco) estaba a $4.000 el kilo. De ahí saque sus cuentas. Eso sí, siempre prefiera pescados y mariscos frescos, y no congelados. Si no le queda otra, ok. Los sabores y beneficios son muy distintos.

terminal pesquero clientes

Salú, con vinos Herrera- Alvarado

letrero de la viña AH

Cada domingo la familia Herrera – Alvarado abre sus puertas a las visitas en lo que ellos llaman una “Cata social”. Se trata de un paseo guiado – conversado por sus viñedos a través del cual, tanto Carolina como su esposo Arturo, van contando su llegada al mundo del vino. El paseo sigue el ritmo de las colinas y del grupo de visitantes que se vaya formando. En invierno las catas empiezan a las 12:00 am. No hay apuros. Entre boldos y litres, entre vides de uva país y sauvignon blanc, los Herrera – Alvarado van mostrando su particular manera de concebir los llamados “vinos naturales”. Todo es novedad pues, me confieso nuevamente, hasta hace muy poco, yo no sabía que existían vinos del Valle de Marga-Marga. Pues sí. Resulta que existen, que se han ganado premios de innovación agraria pues, vaya contradicción moderna, hacen rescatando las antiguas formas de producción, aquellas que llegaron con los primeros españoles de la conquista allá por el siglo XVI.

Carolina y Germán AH

Las catas sociales deben ser de los panoramas más honestos, cercanos y entrañables que puedan haber hoy en el panorama de “visitas a una viña” en la región central de Chile. Y resulta que es posible vivirlas a menos de 2 horas de Santiago. La visita termina bien regada de los vinos Herrera- Alvarado: Sauvignon Blanc, Cepa País, pan hecho en casa, quesos artesanales y lo que este matrimonio saque de sus manos mágicas. La conversa se abre fácil con cada copa, se cuentan fábulas ancestrales, oficios casi extintos y el Marga-Marga, sin haberlo planeado, nos parece uno de los mejores panoramas para un fin de semana de aire e historia pura. ¡Salud!

CONTACTO

Carolina Alvarado: +56 9 5448 5579

Fundo San Jorge, El Sol, Quilpué. (Parada El Sol de Merval Metro de Valparaíso)

Facebook: VIÑEDOS HERRERA-ALVARADO

catando vinos

Otras direcciones sabrosas

  • Restaurant Da Salvatore: Está en medio de un barrio residencial, sector El Sol, calle Dagoberto Godoy y se ha ganado el cariño de sus vecinos. Buenas y suculentas preparaciones italianas. Hasta pisco sour y vaina sirven. Olvídese de las dietas y déjese llevar. Tienen, además, estacionamiento.
  • Bodega Futrono: Entre tanta tostaduría donde las vendedoras no siempre saben ni lo que venden, Bodega Futrono, cercana al sector de Clínica Los Carrera, es un dato imperdible para quienes buscan lo saludable, sean o NO celíacos y veganos. Su variedad de productos abre el apetito y el ingenio con pan de masa madre, granolas, galletas Munani, mayonesas veganas, legumbres, quinoa, aceites de oliva de Til-Til, ghee, leches vegetales, vinagres,  mermeladas con stevia, etc, etc. web
  • Pastelería Los Alpes: Es un punto diminuto en calle Blanco Encalada #985, la misma calle donde está Fonasa. Empiece probando sus merengues, cocadas y sus galletas de almendra con forma de herradura y puntas de chocolate. También se encargan tortas.
  • Pastelería Montalva: Es de esas pastelerías antiguas y veteranas, sin decoraciones fuera de lo común, y yo la destaco por sus pasteles con crema chantilly y su variedad de choux/profiteroles con crema de vainilla suavecita. ¡Se deshacen en la boca! La evidencia de que el dato es bueno es que siempre hay gente en fila esperando su dulce. Si ya llegó a Café Miranda, está fácil, pues Montalva está justo al lado, en Mackenna #869. Y su aroma lo guiará.
  • Mercado Municipal: Está en calle Diego Portales, frente a la Parroquia de Quilpué, y puede que hayas pasado mil veces por allí. Hay buenas fiambrerías, queserías, venta de flores, lanas, regalos, frutos secos…y yo les recomiendo a las señoras (a la mano derecha) que venden huevos, no por los huevos, si no por sus encurtidos y sus aceitunas amargas y de Azapa. Además, buen queso fresco. Me encanta poder comprar a pequeños almacenes y he logrado – por desafío cultural – estar 3 días en Quilpué sin entrar al supermercado (y eso que hay casi uno por calle).

 

Y tú, ¿conoces Quilpué? Si lo conoces, ¿Tienes algún otro dato para compartir conmigo?

¿Cómo llegar a Quilpué?

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1.- Tren Merval (si estás en Valparaíso, Viña del Mar o Limache).

2.- Bus Pullman o Tur Bus: Si vienes de Santiago.

3.- Troncal Sur: Si vienes en auto, desde Viña, Limache, Peñablanca o cercanías.

4.- En micros: o colectivos: Desde Valparaíso, Viña, Villa Alemana o alrededores.

Una de mis formas favoritas es tomar el sistema Metro-Tren llamado Merval que hace la ruta Puerto (Valparaíso) hasta Limache (V región pero hacia la cordillera – punto de enganche también hacia Peñablanca – Olmué – Quillota – La Calera). Hay que comprar la tarjeta Merval pues no se venden los tickets individuales y el costo del viaje dependerá de las distancias. OJO: La tarjeta se pasa por el torniquete tanto de entrada como de salida.

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