Friburgo sin horizontes

Tu concepto de horizonte nunca volverá a ser el mismo después de que visites Friburgo, en Suiza.

A medio camino entre Zurich y Ginebra, Friburgo es de esas ciudades suizas en las que da gusto perderse.

¿Me entienden cuando les digo que Friburgo te disuelve la perspectiva tradicional? Así es que…Déjate llevar!

Entre el río, los acantilados rocosos, las escaleras, las colinas, las planicies cultivadas casi a las puertas de la ciudad vieja; las decenas de campanarios y los campos eólicos, el horizonte te lo creas tú mismo.

Por eso me gusta Friburgo. Me gusta que me desafíe y me libere. También me gusta que no sea una ciudad tan grande. Un día bajo por calle Saint -Pierre; otras por la calle peatonal y comercial de Lausanne, subo a una torre, cruzo el río sin darme cuenta o descubro que existe el funicular. Todos los caminos parecen llevarme al río La Sarine o a la terraza del café (solidario) La Coutellerie pero no me conformo y cada día me invento una nueva vitrina en la que detenerme, un nuevo camino que descubrir o un nuevo puente que atravesar. Hablando de puentes, sé qué hay cientos de ciudades con puentes que hacen soñar pero aquí, y en pocos kilómetros, tienes una muestra de estilos que te invitan a viajar en el tiempo. Los hay techados, los hay de concreto y de madera. Los hay nuevos y blancos casi mirando con desafío a sus viejos y oscurecidos, pero singulares, parientes.

La historia, como en casi todas las ciudades medievales europeas bien conservadas, se cuenta sola. La cuestión es moverse y caminar entre las piedras. Pasar de lo antiguo a lo nuevo; del paisaje verde al supermercado bio; del mercado de los sábados por la mañana, a la tienda de cómics. El verbo aquí es callejear: posar la vista arriba tanto como abajo; empinar el codo por una copa de vino y los tralalá de un acordeón o sentarse a pleno sol con una cerveza y un trozo de queso Gruyère, que es emblema de este cantón.

Por ahora, dejemos la mesa y juntemos hambre, como se dice.

Horizontes

Les mentí. Comencé este posteo diciendo que Friburgo no tiene horizontes pero trataba de entusiasmarlos y hacerles ver algo particular de esta ciudad sin caer en lo típico. Como ya están avisados, déjenme acompañarlos un momento. Prepárense entonces para elegir alguna de mis 3 sugerencias de “horizontes” por Friburgo. Podrán ver algo desde lo alto, desde el encierro de un valle o desde la vibra de una calle. Ustedes eligen…

Horizonte 1: vista aérea desde la Catedral

El primerísimo horizonte que deben explorar está en lo alto de la catedral de San Nicolás. Hay que pagar, subir sus buenos escalones (tampoco es la Sagrada Familia así es que no se asusten) y las vistas a todos los puntos cardinales de la ciudad, valen totalmente el esfuerzo. Realmente se los recomiendo.

Como ves, no todo es medieval en Friburgo. La ciudad crece pero siempre montada sobre sus colinas.

Al fondo, el Puente de la Poya. Parece una frágil gacela, ¿no es cierto?

Nadie los apura así es que quédense arriba el tiempo que quieran, sigan la señalización instalada en los muros y vayan eligiendo qué quieren ver cuando vuelvan a poner los pies en la calle. Seguro verán la piscina de La Motta, el funicular, los monasterios, las montañas, la torre roja, el espacio Jean Tinguely – Nikki de Saint-Phalle; los campos de los que les hablé en la introducción, el río con sus merodeos y el Puente de la Poya que es casi una gacela encallada en La Sarine.

Horizonte 2: encañonados en el Valle de Gottéron

Esta es una invitación a caminar, a casi esconderse en medio de las rocas y a dejarse invadir por el verde. Le dicen “valle”, pero yo lo llamaría un cañón porque está encajonado por la montaña rocosa e interceptada por un leve riachuelo. Es súper fácil llegar y es imposible perderse.

Veamos cómo llegar…Ya sea bajando desde la Catedral o viniendo desde el camino que bordea el río desde la piscina La Motta, cruzan el puente de Berna, el más antiguo de la ciudad…et Voilà! Ya se están internando en este pequeño cañón llamado Valle de Gottéron. Está pavimentado así es que cualquier zapato les sirve. Se encontrarán con casas, un restaurant con terraza e incluso con una piscicultura. Calculen unas 2 horas mínimas de paseo para hacerlo de forma relajada, deteniéndose donde quieran para admirar las verdaderas murallas de piedra que los rodearán.


La ruta por el valle va entregando pequeñas referencias históricas. Sin abusar, son bienvenidas para apreciar la historia y la importancia de lo que hoy quizás solo vemos como un riachuelo en el medio de una ciudad suiza…
Muy buen ambiente en Le Pinte des Trois Canards. Vale para un almuerzo familiar, una cerveza en la terraza o la pausa de un café.
Les hablé del Puente de Berna, el más antiguo de Friburgo, el techado…y aquí está por dentro. Precioso, ¿no?

Horizonte 3: la calle de La Samaritaine

Por arriba o por abajo. Sorteando el empedrado o presenciando los aventureros que patinan cuesta abajo por la nieve en invierno, la llamada Rue de la Samaritaine no pasa desapercibida. Puedes empezar el recorrido un domingo con la feria de antigüedades que se instala hasta las 4 pm, disfrutar un café en plena calle, una cata de cervezas artesanales en Fri-Mousse e ir haciendo pausas, por ejemplo, en la fuente que lleva el nombre de la calle y así puedes recuperar el aliento. Aunque la calle cambia de nombre y llegando arriba se le conoce como Grand Rue, la recomendación vale de todos modos. Por cierto, arriba y franqueando una pequeña puerta, se encontrarán con el café/Bar/ Restorán Belvedere. Desde afuera no se imaginan el mundo que se abre en el interior. Grandes mesas para compartir los nunca mejor llamados, juegos de mesa; Terrazas con magníficas vistas, pequeños rincones para almas solitarias y un cierto desorden de diseño que quiere traspasar épocas. Sinceramente no fue el mejor café de mi vida, el wifi nunca me funcionó y la atención de un domingo fue algo desinteresada, pero se los recomiendo.

La Rue de la Samaritaine y subiendo…
El mercado de antigüedades o de “brocante” como le dirían en francés. En verano, eso sí.
Se las presento: la Fri- Mousse de Friburgo. Ojo al diseño de François Ady, ilustrador irónico de la ciudad. Me encantó la Old Cat, súper poderosa! Link Fri – Mousse

Tips & Links

⛳️ Fripass – Tarjeta diaria atracciones turísticas y transportes región de Friburgo www.fripass.ch

Tip: aprovechen la tarjeta para ir a Gruyère, conocer las queserías, fábricas de chocolates, castillos…como el transporte en Suiza puede ser muy costos, es preferible usarla para salir de la ciudad aunque también incluye atracciones dentro de Friburgo.

⛳️ Turismo Friburgo: La oficina de Turismo funciona al interior del teatro Equilibre (ubicado a unos 700 metros de la estación de trenes). Link aquí

Tip: En Friburgo casi todo el comercio cierra a las 16 hrs. Pero hay una excepción y es el café ubicado dentro del Teatro. Abre incluso sábado y domingo. Vale la pena y atienden muy bien.

⛳️ Café La Coutellerie: un lugar encantador y con alma solidaria. Se trata de un café, bistrot, un punto de encuentro cultural y comunitario, un café, como ellos se definen, de “precio libre”. Pero lo recomiendo no solo por ser buenos samaritanos, sino porque tiene una súper terraza y vista sobre la ciudad porque está a los pies de una larga escalera y muy central; y porque puedes elegir entre café o algo con alcohol. Tienen, además, una activa agenda cultural: desde proyección de documentales y catas de cerveza hasta recitales poéticos. Click aquí

Tip: Si ven un pote de moutarde de La Bénichon en algún negocio o supermercado, pruébenla! Mejor aún si es casera. No es realmente una mostaza sino una especie de mermelada hecha a base de jugo de una pera especial que se da en esta zona y que se cuece a fuego lento durante horas y horas junto a otros ingredientes. Es especialmente popular en la época de La Bénichon, es decir, a fines del verano. Podría dedicarle un segmento completo a esta tradición gastronómica típica del cantón de Friburgo, pero lo más importante ahora es que se atrevan a probar esta “no mostaza”, aunque sea fuera de temporada.

Son como el mejor vecino: Una copa de vino o un chocolate caliente; buena vista, libros a disposición y siempre algo contingente con el cuidado del medioambiente. Eso es La Coutellerie de Friburgo.

🥈Dos, dos, dos

Déjenme aclarar algo sobre las “Friburgos”. A falta de 1, hay 2 ciudades con el mismo nombre. Eso no tiene nada de malo, pero resulta que están tan cerca, que provocan más de alguna confusión. Está la Friburgo de Suiza, a la que va dedicado este posteo, y hay otro Friburgo – Llamado de Brisgovia – en Alemania. Está a menos de 200 kms de distancia, pero yo no lo he visitado así es que no puedo decir nada más. Solo dejar la aclaración…

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